
La
adolescencia comienza con la pubertad, es decir, con una serie de
cambios fisiológicos que desembocan en plena maduración de los
órganos sexuales, y la capacidad para reproducirse y relacionarse
sexualmente.
Los
cambios biológicos marcan el inicio de la adolescencia, pero esta no
se reduce a ellos, sino que se caracteriza además por significativas
transformaciones psicológicas y sociales.
Época
de Inmadurez en busca de la Madurez
El
ingreso en el mundo adulto exige una serie de cambios, de
maduraciones en todos los niveles del ser que desembocan en actitudes
y comportamientos de madurez. Este cambio pone de manifiesto
que el verdadero sentido de la etapa adolescente es la maduración de
la autonomía personal. El adolescente en medio de su
desorientación y conflictos persigue tres objetivos íntimamente
relacionados entre sí:
- Conquista de madurez entendida como personalidad responsable.
- Logro de la independencia.
- Realización de la cualidad de tener una existencia independiente, de ser, en definitiva, persona.
Al
comparar las actitudes o el comportamiento del adolescente con el
“niño bueno” o el adulto responsable, se puede tener una falsa
impresión de retroceso, ya que el adolescente es menos ordenado,
menos sociable, menos dócil y menos respetuoso que antes; pero eso
no significa que sea menos maduro o menos responsable. Ahora el
adolescente necesita obrar por convicciones personales lo que le
conduce a replantearse su comportamiento anterior. Ha elegido
un campo de juego más difícil que antes, y esto produce que se
obtengan peores resultados, sin embargo estos resultados no son
signos de retroceso, sino de crecimiento, de madurez propia de la
adolescencia. Por tanto sería un error creer que la madurez
llega de pronto al final de la adolescencia.